
El fuego no da tregua en Chubut y todos miran al cielo: cuándo podrían llegar las lluvias



El combate contra los incendios forestales en Chubut atraviesa uno de sus momentos más delicados. En la zona de Cholila, el fuego continúa activo, avanza empujado por el viento y mantiene en alerta a brigadistas y vecinos, que saben que gran parte del desenlace depende de una sola variable: la lluvia.
Desde hace varios días, equipos de bomberos de distintos puntos del país trabajan intensamente en el área. Uno de ellos es Darío Bahamonde, bombero voluntario de Sarmiento, que participa del operativo y describe un escenario complejo, especialmente en Aldea Escolar, donde las casas están prácticamente pegadas al bosque.


“Estamos hace tres días trabajando fuerte ahí. El incendio pega muy cerca de las viviendas y sigue activo porque no está lloviendo”, explicó en diálogo con Radio del Mar. La preocupación crece por la posibilidad de que dos frentes de fuego terminen encontrándose: uno que baja desde La Patriada y otro que avanza desde la zona del lago Rivadavia. “Si no llueve, esos dos frentes pueden unirse”, advirtió.
Una ventana de alivio en el pronóstico

En ese contexto, el parte del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) aparece como el dato más esperado. Para la tarde y noche de este martes, se prevé una probabilidad de lluvias de entre el 40% y el 70% en Cholila. El miércoles, en cambio, las chances bajan considerablemente, ubicándose entre el 10% y el 40%.
Según el organismo, las precipitaciones podrían volver recién el viernes, con probabilidades similares que se extenderían hasta el sábado. El domingo, en tanto, las chances serían mínimas, y el lunes podría repetirse un escenario parecido.
Aunque el lunes se registró un leve descenso de temperatura, el trabajo no se detuvo. “Estuvo más calmo hasta la tarde, pero igual seguimos hasta las cinco de la mañana”, contó Bahamonde, reflejando el desgaste que enfrentan los equipos en jornadas que parecen no terminar nunca.
Brigadistas, apoyo comunitario y desgaste extremo
El operativo se despliega en varios puntos estratégicos. Mientras algunos grupos permanecen en Cholila, otros trabajan con fuerza en la zona del lago Rivadavia. “Recursos hay en todos los lugares necesarios”, aseguró el bombero.
En cuanto a las necesidades, el pedido es claro y directo: que llueva. “La gente ayuda mucho, nos acercan agua, colaboran con bombas y el abastecimiento rápido. El apoyo de la comunidad está”, destacó.
La permanencia de los brigadistas en la zona depende de cómo evolucione el incendio. En situaciones críticas, las rotaciones suelen extenderse entre cinco y siete días. “Si llueve y el fuego se calma, quizás podamos volver, porque en nuestros pueblos también nos necesitan”, explicó.

Las llamas, que en algunos sectores superan los 50 metros de altura, avanzan rápido por efecto del viento. En el terreno trabajan cientos de brigadistas, apoyados por maquinaria pesada para abrir cortafuegos y autobombas. Las aeronaves solo pueden operar cuando el humo lo permite, algo que no siempre ocurre.
Durante el lunes se sumaron nuevos contingentes de brigadistas de distintas provincias, además de cuadrillas llegadas desde Chile, en un esfuerzo conjunto para contener el desastre. Muchos de ellos llevan casi 50 días sin descanso, una cifra que da cuenta de la magnitud del incendio.
Alerta máxima también en Neuquén
Mientras Chubut sigue bajo presión, la situación en Neuquén tampoco es alentadora. La Secretaría de Emergencias y Gestión del Riesgo difundió este martes el índice FWI (Fire Weather Index), que marca peligro extremo de incendios forestales en varias zonas de la provincia.
Las localidades más comprometidas son Aluminé, Zapala, Las Lajas, Chos Malal, Huinganco, Loncupué, Manzano Amargo y Junín de los Andes. El índice, que combina temperatura, humedad, viento y precipitaciones, advierte que en estos contextos cualquier chispa puede transformarse en un incendio de gran magnitud.
Por ese motivo, las autoridades prohibieron encender fuego, hacer fogatas y quemar residuos, y pidieron extremar las precauciones. El mensaje es claro: la prevención es clave y la responsabilidad es compartida, tanto para proteger el ambiente como para cuidar a las comunidades y a quienes arriesgan su vida combatiendo el fuego.




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