
En plena costa de la Patagonia argentina, dentro de la provincia de Chubut, existe un lugar que parece fuera del mapa. Un rincón de mar turquesa, playas infinitas y estepa indómita donde el silencio es parte del paisaje. Se trata de Bahía Bustamante, un destino remoto que en los últimos años comenzó a ganar reconocimiento internacional y que el diario The New York Times bautizó como “la nueva Galápagos”.
Llegar no es casualidad. Tampoco es un viaje improvisado. Pero quienes lo hacen, aseguran que la experiencia transforma.
Un antiguo pueblo alguero en medio de la nada

Bahía Bustamante se encuentra entre Comodoro Rivadavia y Trelew, aunque está a unos 200 kilómetros de la ciudad más cercana. El acceso es por la Ruta Nacional 3 y luego por un desvío de ripio que atraviesa kilómetros de estepa patagónica.
El contraste es impactante: tras un recorrido dominado por el desierto y la meseta, el camino desciende hacia el mar y aparece una bahía de aguas sorprendentemente turquesas. Allí, en los años cincuenta, funcionó el único pueblo alguero del mundo, dedicado a la recolección y procesamiento de algas marinas.
Con el tiempo, la actividad industrial decayó. El lugar estuvo al borde del abandono hasta que fue reconvertido en un lodge de naturaleza, preservando su esencia histórica y su escala íntima. Hoy, las antiguas casas de los trabajadores son alojamientos para viajeros que buscan una experiencia distinta.
Naturaleza en estado puro

Bahía Bustamante forma parte de un ecosistema privilegiado. Muy cerca se encuentra el Cabo Aristizábal, una zona agreste donde casi no existen huellas de vehículos y donde conviven esqueletos de ballenas con una instalación artística del creador francés Christian Boltanski.
La región ofrece 360 grados de naturaleza intacta: playas solitarias, médanos con restos arqueológicos, piletas naturales entre rocas, un bosque petrificado y una biodiversidad que sorprende incluso a los viajeros experimentados. Guanacos, choiques, maras, zorros y una enorme variedad de aves forman parte del escenario habitual.
El mar, de un color que recuerda al Caribe, tiene la temperatura propia del sur argentino. El viento, característico de la Patagonia, es protagonista constante. Pero lejos de ser un obstáculo, es parte de la identidad del lugar.
Qué hacer y cuánto cuesta la experiencia

Las actividades están pensadas para explorar el entorno de manera activa y respetuosa. Se pueden recorrer playas en kayak, practicar snorkel o stand up paddle, realizar caminatas guiadas, salidas en bicicleta o excursiones hacia Cabo Aristizábal y el bosque petrificado.
El alojamiento funciona bajo modalidad de lodge con pensión completa. Las tarifas varían según la temporada, pero en promedio oscilan entre los 250 y 400 dólares por persona por noche, incluyendo comidas y actividades guiadas. También existen opciones de estadías más breves o promociones fuera de temporada.
La temporada alta se extiende de octubre a marzo, cuando el clima es más benigno y la fauna marina ofrece mayores posibilidades de avistaje.
Cómo llegar

Desde Buenos Aires, se puede volar hasta Comodoro Rivadavia o Trelew y luego continuar en vehículo por la Ruta Nacional 3. El último tramo es de ripio, por lo que se recomienda consultar el estado del camino antes de viajar. También es posible llegar en vehículo propio realizando el recorrido completo por ruta.
El aislamiento es parte de la experiencia: no hay señal de telefonía constante ni vida urbana. Lo que sí hay es cielo abierto, noches estrelladas, lunas inmensas y atardeceres que tiñen el horizonte de tonos intensos.
Bahía Bustamante no es un destino masivo ni pretende serlo. Es un lugar para quienes buscan desconexión real, contacto directo con la naturaleza y una vivencia auténtica en uno de los paisajes más sorprendentes de Argentina. Un secreto que, aunque ya empezó a trascender fronteras, todavía conserva intacta su esencia patagónica.












