
El túnel escondido de la Patagonia que une historia, turismo y la vida cotidiana de un pueblo galés
Fredi Carrera


El horario no siempre es caprichoso pero en Gaiman, las 7:45 horas reflejan parte de la historia de la ciudad, su identidad y cómo se vive en en el pequeño del valle de Chubut.
En el pueblo de origen gales el tiempo se siente diferente, entre el aroma del té y las construcciones de ladrillo a la vista, el ritmo lo marca un modo de vida completamente diferente a las urbes metropolitanas, pero también a las industriales que puede haber en Patagonia.
El mejor ejemplo de ello es un túnel de 298 metros de longitud que se convirtió en un auténtico ícono turístico. Es el paso del antiguo ferrocarril, una obra arquitectónica con más de un siglo de historia que forma parte de la identidad local.


En la actualidad, esta vía es un atractivo que convoca a viajeros de toda la región, pero también sigue siendo el paso obligado de estudiantes y vecinos que desafían su atípica y fresca estructura en su día a día.

La atmósfera adentro es única. Mientras afuera el clima patagónico puede ser extremo, la temperatura en el interior de la estructura siempre ronda los 19°C. A lo largo del trayecto, se pueden observar pequeños nichos en las paredes, de 45 o 50 centímetros de profundidad y casi un metro de alto. Eran los antiguos refugios, utilizados para que la gente se resguardara cuando el ferrocarril pasaba, ya que el túnel, desde sus orígenes, siempre tuvo un uso peatonal compartido.
Luis Pérez trabaja en la Oficina de Turismo de la localidad y, en medio del recorrido a oscuras y sombras, comparte los detalles de este rincón chubutense: “Viene mucha gente a visitar Gaiman sobre todo los fines de semana. Recibimos mucho público local, mucha gente de Comodoro Rivadavia que viene buscando un descanso, un poquito de paz”, dice con orgullo.
Luis cuenta que el túnel fue construido en 1914 “y, como lo ven, salvo algunas pequeñas reparaciones en paredes que se habían debilitado, está totalmente original. Fue construido estrictamente por cuestiones ferroviarias”, aclara.

El túnel estuvo operativo hasta que el tren dejó de funcionar. Sin embargo, la clausura del ramal en 1961, no significó su final. Desde entonces el espacio fue apropiado por la comunidad, como lugar de paso, de juegos y apasionados romances.
“Siempre fue algo que identificó a la localidad, algo copado para los vecinos; venir a jugar de chicos adentro del túnel era un clásico”, recuerda Luis. “Siempre estuvo abierto e incluso los autos pasaban por adentro. Pero se generaba un problema: el túnel hace una breve curva y del otro lado hay una calle. Venía un auto de un lado, veía al otro de frente y se terminaban encontrando en el medio”.
Para solucionar este peligro y preservar el patrimonio, hace unos 15 años se implementó el proyecto "Paso en el tiempo a través del túnel del ferrocarril". La iniciativa consistió en cerrar ambas bocas al tránsito vehicular, construir una vereda accesible, aprovechar la obra para el cableado eléctrico e instalar cartelería informativa sobre la epopeya ferroviaria en los antiguos refugios. Hoy, el sitio funciona como un circuito autoguiado.
El túnel abre todos los días a las 7:15 de la mañana y cierra a las 17:00 en invierno (extendiéndose hasta las 19:30 o 20:00 en temporada estival). El horario de apertura no es caprichoso: “La gente que no tiene movilidad siempre usó el túnel como atajo. Parece que no, pero esquivar la loma que rodea al túnel es un montón. Por eso abrimos temprano, para que los chicos pasen a la escuela a la mañana”, explica Pérez.
La línea del tiempo: el origen del gigante de ladrillo
Para entender cómo este pasaje de ladrillos terminó perforando la barda, hay que viajar hacia atrás en la historia de la colonización galesa: En 1865 Los colonos galeses se asentaron en el Valle del Chubut y unos años después, en 1884, Thomas Davies, Edward Williams y Lewis Jones impulsaron el proyecto ferroviario para exportar trigo hacia Madryn, donde estaba el puerto de salida.
El Ferrocarril Central del Chubut (FCCC) con el tramo Madryn-Trelew se inauguró en 1889 y en 1909 las vías se extendieron y llegó primera vez a Gaiman, siendo inaugurado el túnel en 1914.

Su construcción respondió a una demanda de los propios habitantes de Gaiman, quienes se oponían a que las vías del tren afectaran la fisonomía y la estética de su casco urbano. La solución de ingeniería fue magnífica: una estructura curva de ladrillos que demandó un esfuerzo titánico y que permitió que las vías continuaran su avance hacia Dolavon en 1915.
Durante décadas, este sistema transportó: trigo, fardos de alfalfa, lana, cueros y caolín. También trajo los materiales para construir el Dique Ameghino y fue el transporte preferido de las familias que buscaban las playas de Puerto Madryn o Playa Unión en el verano.
Pero a partir de 1955, el auge de las rutas y los camiones sentenció la suerte de las formaciones. En octubre de 1961 el silbato sonó por última vez, dejando a 300 trabajadores sin empleo y abriendo paso al desmantelamiento de las vías en los años 70.
Hoy, las vías ya no están y el sonido del tren fue reemplazado por las voces de los turistas y el eco de las zapatillas de los chicos del barrio que van a la escuela.
Es que el túnel de Gaiman no es un monumento más ni un museo frío de la Patagonia; es un puente que une el pasado de los pioneros con el presente de un pueblo que se niega a olvidar sus raíces, transformando la vieja infraestructura ferroviaria en un punto de encuentro, turismo y vida cotidiana.
Nota y fotos de Fredi Carrera- Me Gusta Patagonia




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