
Samuncurá: La meseta secreta de la Patagonia que pocos conocen
Barbi Cárcamo
En el corazón de la Patagonia argentina, hay un paisaje que parece surgir de un sueño geológico. Es un escenario áspero, misterioso, prácticamente deshabitado, donde la naturaleza se impone con una intensidad primitiva. Lejos de los destinos clásicos, existe una región que invita a mirar con otros ojos: contemplar, admirar y dejarse llevar por el ritmo lento de un territorio sin domesticar.
Se trata de una de las zonas menos exploradas del país, un verdadero santuario natural donde la presencia humana es casi invisible y donde cada roca, cada grieta y cada especie parecen narrar una historia milenaria. Esta región se extiende entre las provincias de Río Negro y Chubut, en una transición única entre la estepa patagónica y las alturas del altiplano. En este entorno, la vida silvestre, las huellas de pueblos originarios y fenómenos naturales que parecen sacados de otro planeta conviven en un equilibrio frágil y fascinante.



En medio de este escenario se impone con fuerza la Meseta de Somuncurá, una formación monumental de origen volcánico que comenzó a gestarse hace más de 40 millones de años. Su nombre, de raíz mapuche, significa “piedra que habla”, y basta con recorrerla, o simplemente observarla desde lejos, para comprender el sentido de esa metáfora: Somuncurá tiene voz propia, hecha de viento, de silencio y de piedra.
¿Dónde queda la Meseta de Somuncurá?

Este inmenso macizo ocupa una superficie de más de 1.6 millones de hectáreas y abarca el sur de la provincia de Río Negro y parte del norte de Chubut. A pesar de su tamaño colosal, es un destino casi desconocido incluso para muchos argentinos, y son contados los viajeros que han llegado hasta su cima.
Las rutas nacionales 23 y 3 son las principales vías de acceso a los pueblos cercanos, como Los Menucos, Maquinchao, Valcheta, El Caín, Sierra Grande y Cona Niyeu, desde donde parten algunas de las excursiones hacia el interior de la meseta.
Aun así, el ingreso directo a Somuncurá no es sencillo: se trata de un terreno agreste, de difícil acceso, donde las condiciones climáticas cambian bruscamente. Para llegar es necesario contar con vehículos 4x4 y siempre se recomienda ir con la compañía de baqueanos o guías que conocen bien la zona. La dificultad del acceso, sin embargo, ha contribuido a conservar intacta su biodiversidad, motivo por el cual fue declarada Área Natural Protegida en 1986.

Qué hacer en Somuncurá
Las experiencias que ofrece esta región invitan a sumergirse en un entorno donde la naturaleza se muestra en estado puro, combinadas con el ritmo pausado de la vida rural y propuestas al aire libre que despiertan todos los sentidos. Las opciones van desde excursiones de medio día hasta travesías de varios días, que pueden incluir caminatas por senderos agrestes, cabalgatas por la estepa, safaris fotográficos y actividades de avistaje de fauna silvestre. A todo esto se suma el valor humano: muchos viajeros eligen hospedarse en estancias o en casas de familia, lo que permite un contacto directo con los pobladores locales y sus costumbres.

Entre los puntos más singulares de la meseta se encuentran las lagunas temporales, espejos de agua que aparecen como por arte de magia tras las lluvias o el deshielo, y que son el refugio de flamencos y aves migratorias. Esta región también alberga verdaderas rarezas de la biología, como la mojarra desnuda, un pez sin escamas, y la rana de Somuncurá, especies endémicas que solo sobreviven en este ecosistema aislado. Completan el paisaje los guanacos, choiques, maras, zorros y hasta caballos salvajes que recorren libremente el territorio.
A lo largo de los cañadones y los bordes de la meseta se esconden huellas de tiempos remotos: fósiles marinos, pinturas rupestres y restos arqueológicos que revelan una historia geológica y cultural de miles de años. También es posible ascender al cerro Corona, una de las formaciones más imponentes del área, que se eleva a casi 2.000 metros y ofrece vistas panorámicas sobre esta vastedad indómita.
Cómo llegar a la Meseta de Somuncurá

Visitar la meseta implica planificación y espíritu de exploración. No hay caminos asfaltados que conduzcan hasta su cima y no es recomendable aventurarse sin guía. Las localidades más próximas, como Maquinchao o Valcheta, cuentan con prestadores turísticos habilitados que organizan excursiones en vehículos 4x4 y circuitos adaptados a las condiciones del terreno.
Desde Buenos Aires, se puede volar hasta San Antonio Oeste o Bariloche, y desde allí continuar por ruta hacia el interior de Río Negro. Los caminos son mayormente de ripio y, según la época del año, pueden volverse intransitables por las lluvias o la nieve. Por eso, la opción más segura y recomendable es contratar agencias especializadas en turismo de naturaleza o coordinar salidas con guías locales, conocedores del lugar y de su dinámica cambiante.


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