
Mascotas viajeras: el fenómeno que crece en el turismo nacional
Barbi Cárcamo
Lo que hasta hace algunos años era una tendencia incipiente, hoy se consolida como un cambio estructural dentro del sector. La figura de la mascota como integrante pleno del grupo familiar dejó de ser una excepción para convertirse en una variable determinante al momento de planificar vacaciones. Este nuevo escenario no solo redefine la manera de viajar, sino que también impacta directamente en la economía turística, empujando a prestadores y destinos a adaptarse a una demanda en crecimiento.
Según un relevamiento de Booking.com, el 60 % de los viajeros argentinos que conviven con animales prioriza hospedajes que admitan mascotas. El dato no solo evidencia una preferencia, sino que marca un nuevo estándar: la flexibilidad ya no es un valor agregado, sino una condición básica de competitividad. En paralelo, ese mismo porcentaje también elige destinos que ofrezcan espacios públicos, playas o entornos naturales donde los animales puedan integrarse sin restricciones.

En este contexto, emerge con fuerza el perfil del “pet parent”, un viajero que planifica cada aspecto del recorrido bajo una lógica inclusiva. Ya no alcanza con encontrar un alojamiento que permita mascotas: se busca una experiencia completa, donde cada instancia, desde el traslado hasta las actividades recreativas, contemple la presencia del animal.


Sin embargo, el desafío más complejo sigue siendo la movilidad. Si bien el transporte aéreo ha comenzado a flexibilizar sus condiciones, aún existen limitaciones que condicionan la experiencia. Aun así, el crecimiento es sostenido: un 17 % de los argentinos ya ha viajado en avión junto a sus mascotas, una cifra que continúa en alza. Frente a estas dificultades, muchos viajeros optan por alternativas que garanticen mayor control y comodidad. De hecho, el 40 % elige alojarse en casas de familiares o amigos, priorizando la seguridad del entorno por sobre las opciones hoteleras tradicionales.

El impacto de esta tendencia también se extiende al consumo cotidiano durante las vacaciones. La posibilidad de compartir cada momento con la mascota influye directamente en las decisiones de gasto. En el ámbito gastronómico, el 57 % de los viajeros busca bares y restaurantes que permitan animales, evitando así tener que dejarlos solos durante salidas o excursiones. A su vez, el 48 % valora que los centros comerciales sean pet friendly, mientras que un 37 % prioriza destinos con circuitos de caminata o senderos pensados para disfrutar en conjunto.
Este cambio de paradigma obliga a repensar la oferta turística en su totalidad. Desde hoteles que incorporan servicios específicos —como camas, kits de bienvenida o áreas exclusivas— hasta municipios que adaptan sus espacios públicos, el objetivo es claro: generar experiencias sin fricciones para un segmento que crece y se consolida.

El desafío para los próximos años será avanzar hacia una mayor estandarización de normativas y servicios, reduciendo las barreras que aún persisten.
Con un mercado en plena transformación, el turismo argentino encuentra en este fenómeno una oportunidad concreta. La clave estará en lograr una integración real, donde viajar con animales no implique adaptaciones constantes, sino que forme parte natural de la experiencia. Porque, en definitiva, para miles de viajeros, las vacaciones ya no se conciben sin todos los miembros de la familia, incluidos aquellos que caminan en cuatro patas.


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