
El Chaltén se prepara para una emergencia que podría dejar apenas 45 minutos para evacuar



El Chaltén comenzó a acelerar su preparación frente a uno de los riesgos naturales más complejos que enfrenta la localidad. Se trata de la posibilidad de que un desprendimiento de la ladera del Cerro Solo, en el entorno de Laguna Torre, provoque un desplazamiento repentino de agua y material que termine afectando el río Fitz Roy y sectores de la localidad.
El fenómeno que se analiza es conocido como GLOF, por sus siglas en inglés, y consiste en una inundación repentina vinculada al desborde de un lago de origen glaciar. En el caso de El Chaltén, el escenario estudiado contempla que una masa de roca y sedimentos pueda caer sobre Laguna Torre, generando una onda que se propague aguas abajo.
No se trata de una catástrofe que haya sido pronosticada ni de una emergencia actualmente en desarrollo. El riesgo, sin embargo, está identificado desde hace años y viene siendo estudiado mediante investigaciones científicas y simulaciones. La preocupación aumentó en los últimos tiempos por los cambios ambientales y por la necesidad de contar con herramientas que permitan actuar rápidamente si las condiciones llegaran a desencadenar un evento.


Un sistema de alerta para ganar tiempo
Uno de los principales objetivos es implementar un sistema de alerta temprana que permita detectar cambios en la ladera y en el comportamiento del agua antes de que una eventual crecida alcance las zonas pobladas.
De acuerdo con lo informado por autoridades locales, Parques Nacionales y la Asociación Amigos del Parque Nacional Los Glaciares trabajan en la incorporación de sensores y otros dispositivos de monitoreo. La propuesta contempla observar en tiempo real distintos indicadores, entre ellos la estabilidad de la ladera y el comportamiento del río Fitz Roy.
Las estimaciones mencionadas por la concejala Elisabeth Romanelli hablan de un margen potencial de entre 45 minutos y una hora para poner en marcha una evacuación si se detectara un evento capaz de generar una inundación hacia la localidad. Ese tiempo no constituye una garantía ni significa que necesariamente exista un plazo fijo antes de una eventual crecida. Se trata de una estimación asociada a los escenarios estudiados y a la capacidad que tendría un sistema de detección para anticipar el fenómeno.
La diferencia es fundamental: el objetivo del monitoreo no es anunciar que una inundación ocurrirá, sino detectar con la mayor anticipación posible si se están produciendo las condiciones que podrían desencadenarla.
El desafío de evacuar una localidad turística

Una crecida extraordinaria podría afectar el río Fitz Roy y la localidad.
La elaboración del protocolo de emergencia se volvió prioritaria porque El Chaltén cambia considerablemente de escala durante la temporada turística. La localidad cuenta con una población permanente reducida, pero durante los meses de mayor actividad puede recibir miles de visitantes.
Por eso, un eventual plan de evacuación deberá contemplar mucho más que a los habitantes permanentes. También deberá establecer procedimientos para hoteles, restaurantes, comercios, trabajadores temporarios, turistas, guías y personas que se encuentren realizando actividades dentro del Parque Nacional Los Glaciares.
Otro elemento de preocupación es la infraestructura vial. El río Fitz Roy forma parte del sistema que podría verse afectado por una eventual crecida, y el acceso terrestre a El Chaltén depende de un puente ubicado sobre ese curso de agua. Un evento de magnitud podría generar no solamente una inundación, sino también problemas de conectividad y aislamiento.
En este contexto, el Concejo Deliberante solicitó la elaboración de un plan integral de evacuación y contingencia. La Municipalidad, por su parte, comenzó recientemente a trabajar con organismos provinciales, Parques Nacionales y otras instituciones que integran la Junta de Protección Civil para definir los procedimientos.
Un riesgo real, pero no “otro Nepal”

La situación volvió a cobrar notoriedad luego de que medios nacionales compararan el escenario de El Chaltén con una reciente tragedia ocurrida en Nepal. La referencia sirve para explicar el peligro que pueden representar determinados fenómenos asociados a glaciares y lagos de montaña, pero los especialistas y autoridades locales remarcan que no se trata del mismo fenómeno ni necesariamente de una emergencia de igual magnitud.
En El Chaltén se estudia específicamente la posibilidad de un deslizamiento que impacte sobre Laguna Torre y genere una onda de agua y material aguas abajo. La magnitud de ese eventual fenómeno dependerá de múltiples factores, entre ellos el volumen de material involucrado, las condiciones del lago y la dinámica del sistema hídrico.
Los estudios científicos realizados en la zona también apuntan a la necesidad de continuar actualizando las mediciones. El retroceso de los glaciares, las modificaciones en las condiciones ambientales y determinados episodios meteorológicos pueden alterar el comportamiento de las laderas y de los sistemas de agua de montaña.
Por eso, el desafío actual para El Chaltén no es prepararse porque una catástrofe sea inminente, sino construir un sistema que permita responder rápidamente ante un escenario de baja frecuencia pero potencialmente grave.
Con la temporada turística acercándose, las autoridades buscan que el protocolo quede definido y que tanto los habitantes como quienes visiten la localidad sepan qué hacer ante una eventual alerta. El objetivo es que, si alguna vez se activa una señal de emergencia, la incertidumbre no sea la que determine la respuesta y que cada organismo, vecino y visitante tenga claro cómo actuar.


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