Motoviajeros, el turismo que atraviesa la Patagonia cada primavera - verano con el sueño de llegar al fin del mundo

El sueño del fin del mundo es posible. Todos los años, desde septiembre a marzo, los motoviajeros copan las rutas de la Patagonia. El objetivo final para la inmensa mayoría es llegar a Ushuaia, considerada el "Fin del Mundo". Una travesía de miles de kilómetros por paisajes desafiantes entre la estepa, la montaña y la costa.
Modo Viaje01 de diciembre de 2025Fredi CarreraFredi Carrera

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“La Patagonia es indomable” dice José mientras cuenta cómo fue su viaje. Durante 15 días, junto a Renato, João, Marcelo y Ricardo, recorrieron las rutas de Argentina y Brasil para llegar desde San Pablo a Ushuaia.

José es motoviajero y pasó por Rada Tilly buscando servicios que pudieran acompañarlo en su viaje. En su caso, junto a sus amigos, visitó la gomería y taller “Toledo Equipamientos y Servicios” y también un hotel donde pernoctaron una noche. El motoviajero dialogó con el sitio Me Gusta Patagonia y aseguró que la experiencia fue “muy buena, desafiante” y que lo que más le gustó de la Patagonia fueron “los paisajes y la naturaleza, además de las personas y la gastronomía”.

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Los motoviajeros son una tendencia en ascenso. Desde septiembre hasta marzo suelen transitar por las rutas de la zona con el objetivo de llegar a la tierra del fin del mundo. Se trata de un turismo de paso, que se caracteriza por su tiempo en ruta. El motoviajero no suele buscar excursiones, tampoco visitar centros comerciales ni recorrer ciudades o atracciones en profundidad. Lo que busca es el camino, el paisaje y sentir esa sensación de libertad que solo da el viento en contra.

Gulliver conoce el rubro: es motoviajero y hace más de 18 años tiene Marina Bella, una hostería que se encuentra en una de las principales avenidas de Rada Tilly. “Es una pasión”, dice sin dudarlo. “El motoviajero es un turista distinto, que no viene decidido a ver la ballena. Hay algunos que, por ahí, se quedan, pero su meta es llegar hasta Ushuaia. Quieren llegar al fin del mundo y después ir hacia arriba, la mitad del mundo. Otros, muy pocos, se van hasta Alaska, porque eso te lleva tu tiempo. Pero hay de todos lados.”

Hace más de una década recibe a turistas. Empezó “con una piecita” y ahora tiene seis. “Es un trabajo, un estilo de vida que elegí. En mi caso vienen moteros de todos lados, pero los que más vienen son de Brasil. Quieren conocer Ushuaia y también vienen muchos de Buenos Aires, Córdoba y algún extranjero, pero poco, porque este año la situación del país no ayuda: es caro para nosotros y caro para ellos, porque estaban acostumbrados a otra cosa”.

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Gulliver tiene 62 años. Su nombre real es Jorge Burgueño. Es oriundo de 9 de Julio, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, y a los 18 llegó a la Patagonia cuando le tocó hacer el servicio militar durante la Guerra de Malvinas. Estuvo en las islas y desde entonces nunca más se fue de la Patagonia, hasta que hace unos 18 años decidió abrir su propia hostería. Se confiesa apolítico; solo quiere que “esté quien esté, estemos bien. Es lo que nos conviene a todos”.

En su caso, su hostería es casi una motoposada. Si bien aclara que es “una hostería para todo el público”, los moteros suelen ser visitantes frecuentes. “Como verás, está ambientada para motos. Por ejemplo, si venís con la moto y tenés que hacer cambio de aceite o de filtro, yo tengo un pequeño taller que está para vos: se abre el taller y tenés todas las herramientas para hacer lo que tengas que hacer. Si no te animás a hacerlo, yo te ayudo sin costo alguno. Y el estacionamiento es solo para motos; si venís en auto, tiene que quedar afuera en la vereda, pero es seguro”, aclara.

Gulliver asegura que andar en moto es una pasión. Él, hace una semana, con vientos intensos, se fue hasta Cabo Blanco, un hermoso faro que está cerca de Puerto Deseado. Mientras que en su último viaje largo hizo 14.000 kilómetros, recorriendo toda Argentina.

“Es algo hermoso”, dice con entusiasmo. “No querés que se termine más. Yo conozco toda la Argentina, desde Ushuaia hacia arriba. Conozco Perú, algo de Bolivia, un poco de Brasil, todo Ecuador, conozco Colombia, la ruta del café. He hecho lindos viajes y muchos viajeros que conozco después vienen acá”.

Respecto al rubro de motoviajeros, Gulliver asegura que “la moda es, más o menos cuarenta; gente que tiene plata, problemas con la empresa y se compró una moto, la conoció, salió a viajar y no paró más. Porque cuando te subís a la moto te olvidás de todo, te despeja la mente. Yo conozco a una pareja de Ushuaia que venía acá y me decía: ‘Qué lindas las motos, algún día me voy a comprar una’; y cuando la compró no se despegó más. No empezó de chico, empezó de grande. Es una pasión”.

María Helena Maldonado vive en barrio Saavedra, en Comodoro Rivadavia y en 2023 creó su propia moto posada, un emprendimiento por donde han pasado cientos de turistas. “Es hermosa esta movida”, dice al ser consultada. “El motero es muy solidario con todos y entre ellos mismos. No les importa el tiempo y creo que buscan la felicidad y que la vida sea bonita. Justamente, ahora estoy en Colombia y anoche me junté con uno de los muchachos que pasó por mi casa. Me invitan, me sugieren dónde ir, me están cuidando, así sea por mensaje, que dónde anda, cuidado con esto, cuidado con lo otro. Son gente muy bonita, la mayoría profesionales, son contados los que salen aventura nada más”.

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María Helena ha recibido a muchos profesionales: médicos, abogados, psicólogos y técnicos. Algunos pasan de paso y otros están viajando por el mundo. En estos dos años recibió cerca de 350 turistas de Colombia, Brasil, Perú, Uruguay, Chile, Francia, Suiza, Alemania, Hungría, Bélgica, entre otros países.

“Es un turismo muy diferente, porque se van generando lazos de amistad. Eso es lo más lindo, porque dicen que, después del paisaje, lo que más se llevan en el corazón es la calidad humana de las motos posadas, donde comparten una comida, su experiencia y, después, se encuentran en otros lugares. Es maravilloso”.

Generalmente, Comodoro y Rada Tilly suelen ser las paradas intermedias para seguir camino a San Julián, Río Gallegos, Río Grande, Gobernador Gregores, entre otros sitios para quienes viajan al sur. Para el norte, a veces el destino puede ser la ruta 3 y otras veces la ruta 40; todo dependerá de la hoja de ruta de cada uno.

Respecto a cómo gastan, María Helena asegura: “son muy gasoleros.” Muchos viajan cocinando; hacen desayunos muy contundentes y buscan, más que nada, la libertad. Argentina les apasiona en general por esos paisajes tan lindos que tenemos. Después está el europeo que sale una vez al año y le rinde bien la plata. A veces compran una moto en Colombia, recorren toda Sudamérica y después la venden, y así recorren toda Sudamérica.

Gulliver coincide: hay muchos viajeros que compran moto, y hay otros que van hasta Alaska en moto, luego vuelven en avión y mandan la unidad en un contenedor. Lo cierto es que hay modalidades para todos los gustos.

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Eduardo Carrasco, gerente del Ente Comodoro Turismo, admite que pasa mucho turismo de este tipo por la zona. Sin embargo, por sus características, es difícil captarlo. “Es uno de los segmentos que nos está costando captar. Quizás recorren zonas más céntricas, duermen y siguen, pero es un segmento que tenemos que profundizar para que puedan hacer excursiones en distintos puntos de la ciudad. Hasta donde vemos, no es un segmento que haga muchas excursiones más allá de lo que es su moto, por lo cual Rocas Coloradas puede ser muy interesante o algo de cercanía; pero es un segmento que tenemos que trabajar porque hay muchos motoviajero durante el verano y poco más”.

De cara al verano, cada vez se ven más viajeros en la ruta, visitantes que vienen a conocer y recorrer esta zona de la Patagonia, donde el paisaje manda. En esta región indomable, el sol, el viento o el frío te pueden sorprender, sin importar la época del año.

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