Mientras recorremos el predio, nos encontramos con el gallinero, los perros que acompañan el camino y el viñedo. Anto se siente orgullosa. “Para mí fue maravilloso crecer acá; de hecho, yo me fui a estudiar, conocí otros lugares, pero elegí formar mi familia acá y que mis hijos nazcan en este lugar porque es hermoso. Somos muy afortunados de vivir en este lugar que, todos los días, todas las estaciones, tiene algo distinto para ofrecernos. Vivimos del turismo y, a veces, es difícil. El invierno pasado no tuvimos nieve; este año, con el tema de los incendios, fue muy agotador, frustrante y difícil poder seguir con nuestros lugares, pero seguimos apostando al turismo. Así que estamos volviendo a armarnos, sabiendo que el potencial que tenemos para desarrollar es enorme. Para mí este lugar es un paraíso; estoy agradecida y orgullosa del lugar que creó mi padre y de poder continuar viviendo acá y, sobre todo, que la gente conozca y comparta el lugar en el que yo crecí”, sentencia la mujer que busca continuar el legado de su padre, en aquel paraíso en que plantó su vida.




















