
De la abogacía a las viñas del VIRCh: la mujer que ayudó a crear la ruta del vino en Chubut
Fredi Carrera


La enóloga vivió en primera persona el desarrollo del vino en el valle de Chubut, desde aquellos primeros ensayos en 2003 hasta la primera producción real en 2012. Un proceso de aprendizaje continuo y desarrollo productivo que hoy reúne a más de doce productores.
"Yo le tenía mucha fe al cultivo como un complemento de otras actividades en las chacras, pero nunca me imaginé que iba a ser la actividad principal y que, además, la provincia iba a tener todo este crecimiento, con tantas zonas hermosas donde hoy se produce vino". Belén Pugh es ingeniera agrónoma, enóloga y chubutense. El próximo fin de semana será una de las protagonistas de Tierra, Mar y Vino, el evento que reunirá a más de 40 bodegas de todo el país con el foco puesto en la producción de Chubut, un terruño joven y en plena ebullición.
Será, además, su primera participación en la feria bajo su nuevo rol como profesional independiente. Tras 26 años de labor en el INTA, este año optó por un retiro voluntario que abrió un nuevo capítulo en su carrera.


"Estoy en una etapa completamente diferente", contó a ADNSUR desde Trelew, durante una pausa en su agenda. "Sigo vinculada a los vinos de la sala, pero ahora trabajo de forma independiente: muy contenta, con muchos proyectos y asesorando en elaboración. Estoy en pleno cambio de vida", resume.

VIVIR LA TIERRA
Belén nació en Trelew y desciende de aquellos colonos galeses que poblaron el valle inferior del río Chubut. Es hija de chacareros, aunque en la juventud coqueteó con el Derecho: "Soy Pugh, bien galesa. Vengo de una familia que pasó por todas las etapas típicas del trabajo en la chacra. Mi papá trataba de evitar que nos quedáramos en esto; por eso me fui a estudiar abogacía, pero enseguida me di cuenta de qué era lo que realmente me gustaba y terminé pasándome a agronomía".
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A la distancia admite que pudo haber elegido la rama de alimentos, pero pesaron más los recuerdos de la infancia. Al recibirse en la Universidad Nacional de La Plata, volvió al pago chico para ejercer. Sus primeros pasos profesionales fueron en la producción de cerezas —en control de calidad y empaque— hasta que la vid asomó en el horizonte productivo del valle.

En Chubut, la vitivinicultura es una actividad joven. Los primeros destellos surgieron en la comarca andina, en El Hoyo, y con los años se expandieron hacia la costa y el valle inferior. Belén fue testigo directa de esos amaneceres en el VIRCh.
"Hoy estamos en pleno crecimiento y demostrando en distintos niveles que se puede lograr altísima calidad. Pero somos una zona nueva", explica. "En 2003 empezamos a evaluar qué variedades se adaptaban a una región sin tradición enológica ni vitícola. Desde el INTA buscábamos alternativas para diversificar las chacras y ahí apareció la vid. Primero fueron ensayos varietales y recién hacia 2011 empezamos a pensar en elaborar en origen. Ahí me metí de lleno en el universo del vino".
El perfil de Belén articula dos mundos clave: la vivencia de la familia de chacra y el rigor técnico del INTA. "Desde la óptica del instituto siempre se busca generar datos y realizar ensayos antes de hacer la extensión a los productores", detalla. "En la zona no había nada, no existía experiencia previa y hubo que construir el ecosistema desde cero. Al principio costó que los productores se animaran a dar el salto después de los ensayos; una cosa es saber qué variedad anda bien o cuál resiste mejor las enfermedades, y otra muy distinta es encontrar quién plante, invierta y espere los tiempos biológicos del cultivo".

LOS PIONEROS DEL VINO
Los primeros en dar el paso fueron los hermanos Roberto y Carlos Barragán, de Bardas al Sur. Tiempo antes habían decidido reactivar la chacra familiar en Gaiman, donde históricamente cultivaban zanahoria, tomate y papa. Primero sumaron pasturas, incorporaron animales y, en 2011, cuando acababan de sembrar un cuadro de alfalfa, un técnico del INTA les propuso plantar vides.
"Fue un proceso gradual, pero generó un efecto contagio en los demás productores", apunta Belén. En la actualidad conviven doce emprendimientos vitivinícolas en el VIRCh y casi todos —a excepción de la familia Fernández, de Estancia Las Bardas, que montó su propio circuito— dieron sus primeros pasos en la sala de elaboración artesanal del INTA.
"Hoy conviven doce marcas, entre ellas Finca Caballo Blanco, Bardas al Sur y Punta Ninfas, que ya cuentan con sala propia", enumera. "El INTA pasó de tener una única sala a disponer de cuatro. Paralelamente, se advierte una segunda ola de plantaciones desde Trelew hasta 28 de Julio: el núcleo fuerte sigue en Gaiman, pero también hay viñedos en Dolavon, 28 de Julio, Trelew y experiencias incipientes en El Doradillo y Puerto Madryn. En todos los rincones se nota un crecimiento constante".
A diferencia de las grandes regiones cuyanas, en Chubut predominan las superficies a escala humana: los relevamientos del INTA registran 23 hectáreas en producción efectiva y 35 implantadas, con una elaboración que supera los 21.000 litros y cerca de 45.000 kilos de uva cosechados. En ese camino, Belén destaca el aporte del enólogo Mario Lazcano, incorporado a través de Cambio Rural: "Con Mario dimos un salto de calidad rotundo; aprendimos muchísimo".
Los datos registran 23 hectáreas en producción efectiva y 35 implantadas, con una elaboración que supera los 21.000 litros y cerca de 45.000 kilos de uva cosechados.
ACIDEZ, FRESCURA Y COLOR: UN VINO DIFERENTE
Al momento de catar, los vinos del valle imponen un sello propio. "Son distintos", define Pugh. "Al consumidor hay que explicarle el perfil, aunque cada vez hace menos falta porque el público los conoce, los valora y dejó de compararlos con los de Cuyo, lo cual es fantástico".
"Son vinos sumamente frutados, frescos y con gran intensidad de color por la marcada amplitud térmica. Pero también tienen una acidez viva", describe. "En zonas frías predomina el ácido málico, que resulta algo filoso al paladar. Aunque aplicamos técnicas enológicas para redondearlo, es la impronta del lugar: a los blancos les otorga una elegancia soberbia, y en los tintos hay que saber que esa frescura es parte de su ADN. No son ni mejores ni peores: son patagónicos".

En cuanto a cepajes, no duda: "El Pinot Noir es el estandarte de la provincia, pero la gran sorpresa en este valle es el Cabernet Franc. Dejó de lado las blancas porque durante años no se plantaron y recién ahora se incorporan en esta segunda etapa. El Pinot Noir se da con naturalidad y el Cabernet Franc nos sorprendió a todos: al ser de ciclo más largo, la teoría marcaba que no llegaría a madurar bien, pero las plantas maduras están dando resultados extraordinarios. En los libros no figuraba que pudiera expresarse con tanta fruta negra, especias y brillo aromático. Fue un hallazgo".
Su formación se consolidó gracias a una beca conjunta de la Provincia, el CFI y la COVIAR para cursar enología: "Fue el broche profesional que necesitaba: me permitió ponerle fundamento teórico a todo lo que venía ejecutando en la práctica".

SEGUIR COSECHANDO Y PLANTANDO
A más de dos décadas de aquellos ensayos pioneros, el balance supera cualquier expectativa inicial: "Le tenía fe, pero jamás imaginé semejante repercusión. Los vinos ganan premios, mejoran año a año y la gente los pide afuera. Mientras el consumo y la producción vitivinícola caen a nivel global, en Chubut ocurre lo contrario".
Esa singularidad se explica también por la matriz del proyecto: "Nuestro perfil es el del chacarero que buscó reconvertirse, a diferencia de otras zonas donde desembarcan grandes inversores. Por eso, el rol de la sala del INTA fue decisivo: brindó un espacio habilitado, con acompañamiento profesional, porque acá no había nadie intentando hacerlo. Así que sin eso, hubiese pasado muchos años después y con muchos más errores y pérdidas económicas para los productores"
De cara al futuro, Belén advierte que el desafío de la vitivinicultura chubutense radica en la madurez estratégica: "Creo que va a seguir creciendo, que van a seguir apareciendo lugares que tienen potencial para el vino, pero también creo, que como todo lo nuevo, llega a su máximo y la novedad a veces conviene declinar. Creo que estamos llegando a la parte de arriba de esa curva y va a ser fundamental que interactúen las distintas zonas y que se pongan de acuerdo en determinados objetivos para estar preparados. Y eso se va a dar con organización de los productores, que se comuniquen y se armen estrategias, alternativas diferentes y empezar a pensar en algo bien provincial y para eso debe haber un orden en la demanda", dice la especialista que conoce el campo, desde adentro, y desde afuera.


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