
De Comodoro a Aysén: así está el camino para cruzar a Chile por Lago Blanco
Barbi Cárcamo
Llegando a Chile


El primer tramo, de Comodoro a Sarmiento, se encuentra en buen estado general, con asfalto parejo y curvas suaves que permiten una conducción tranquila. Algún que otro pozo aparece de forma aislada, pero no representa un riesgo importante para el vehículo. Este sector permite disfrutar del horizonte abierto y, en días despejados, del perfil de la meseta chubutense recortado contra el cielo.
Sin embargo, la situación cambia al salir de Sarmiento. Durante unos 10 kilómetros, el asfalto presenta baches que obligan a reducir la velocidad, esquivar, cambiar de carril o incluso circular por la banquina en algunos puntos. Esta parte del trayecto exige atención constante, especialmente para quienes viajan de noche o en días de lluvia, cuando los pozos pueden llenarse de agua y ser menos visibles.


Al tomar la Ruta 40 en dirección a Río Mayo, el panorama se mantiene similar. El ingreso a esta localidad está especialmente deteriorado, con pozos profundos y una bajada hacia el pueblo que demanda manejar con precaución. Una vez dentro de Río Mayo, el tránsito es más relajado, pero la salida vuelve a mostrar el mismo estado deficiente del pavimento.
Desde el aeropuerto de Río Mayo hasta el inicio del ripio rumbo al Lago Blanco, la calzada se encuentra muy dañada. Los carteles de advertencia por baches son frecuentes, aunque en la práctica resultan insuficientes: en algunos tramos, hay más bache que asfalto. Los conductores que han hecho este trayecto advierten sobre la presencia de cráteres tan grandes que podrían “tragar” un auto pequeño, lo que obliga a zigzaguear continuamente para evitarlos.
Al llegar al sector de ripio, el escenario cambia. El mantenimiento es irregular: hay tramos en los que se ha pasado la máquina y se puede circular con relativa comodidad, y otros en los que solo hay un carril utilizable, tanto desde el cruce hasta la frontera como en la zona de Lago Blanco.
En el paso fronterizo, la calzada presenta pozos más profundos sobre la mano izquierda, mientras que la derecha suele estar en mejores condiciones. Este sector, aunque breve, requiere precaución para evitar golpes en la suspensión o daños en neumáticos. Desde aquí y hasta el cruce por Balmaceda, todo el camino es de ripio, pero con tramos que permiten una conducción fluida si se respeta la velocidad recomendada.

Quienes planeen este recorrido deben prever un viaje sin apuro. Es aconsejable salir con suficiente luz natural para disfrutar de las vistas y evitar sorpresas en los tramos más deteriorados. El recorrido ofrece, como recompensa, la experiencia de atravesar paisajes únicos característicos de la Patagonia.

Fotos y videos: Christian Bugli y Micaela Velasquez.




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