
Mujeres que transforman: del azafrán patagónico a la expansión global
Barbi Cárcamo


Un viaje a través de la historia familiar
Nacida en Comodoro Rivadavia, Andrea es descendiente de inmigrantes libaneses, españoles e italianos. Sus bisabuelos cultivaban azafrán en Turquía antes de migrar a España y, generaciones después, ella decidió recuperar ese legado en la Patagonia.


“Es una flor muy delicada que requiere mucha sutileza al recolectarla y al separarla. Es un trabajo que en la antigüedad se hacía en familia, y el azafrán se vendía cuando había algún problema de salud o cuando se casaba la hija. Por eso es denominado el oro rojo, porque vale muchísimo”, dice Andrea Paola Ahumada, la mujer de Comodoro que tiene la huerta de azafrán más austral del mundo.
La historia de su familia la inspiró a iniciar este proyecto en Trevelin, donde vive hace años junto a su pareja, Matías Rodrigo Díaz. Matías, ingeniero en una petrolera, recibió una oferta laboral en Ushuaia, lo que los llevó a tomar una decisión crucial: continuar con la estabilidad de su trabajo o apostar por un cambio radical de vida.
“Él es excelente ingeniero y le hicieron una propuesta para enviarlo a Ushuaia, entonces tuvimos que decidir si se iba un mes y volvía o cambiábamos de rumbo y dejábamos ciertas comodidades, y decidimos”, recuerda Andrea.

Los inicios y la consolidación del proyecto
El camino no fue fácil. Adaptarse a la vida rural supuso grandes retos, desde las condiciones climáticas adversas hasta la búsqueda del cultivo ideal. Al principio, probaron con olivos, pero el clima nevador impidió su desarrollo. Criaron animales, pero el ataque de pumas los obligó a replantear su estrategia. Entonces, Andrea recordó las historias de su infancia y decidió experimentar con el azafrán.
“Me acuerdo que cuando me dijo que traiga azafrán, yo le dije ‘¿Pablo qué estás hablando? Mirá lo que es este clima, ¿qué va a salir allá?’. Pero me traje unos poquitos cormos de azafrán, no me lo querían vender porque lo que hacen es un fideicomiso, pero traje unos poquitos y se adaptaron. Lo tuve dos o tres años y recién al tercero floreció, con estas características, así que le pedí a una prima de España si me podía enviar algunos zahones de azafrán de la Mancha. Imaginate que en ese tiempo yo no dormía, pero cuando lo tuve en la mano, me di cuenta que el cormo, el bulbo, era totalmente diferente. No es que uno sea mejor que otro, sino que son variedades diferentes”, cuenta.
Con el tiempo, el emprendimiento creció y comenzó a diversificarse. Andrea investigó nuevas aplicaciones del azafrán y encontró oportunidades en la gastronomía y la destilación. “Nosotros estamos acostumbrados al arroz, la paella, pero se hace pastelería de azafrán y ahora lanzamos el gin con azafrán. Hay tres en el mundo, en Francia, España y ahora en Argentina”, relata con orgullo.

De la Patagonia a Europa
El éxito del emprendimiento llevó a Andrea a pensar en grande. “Queremos generar más oportunidades y una cadena de azafrán en Argentina”, afirma. La expansión internacional fue un paso natural en este crecimiento. “Ya tramitamos la doble ciudadanía, Azafrán marca registrada. Inauguramos nuestra sucursal en Europa en el 2025”.
La expansión a Europa marcará un hito en su trayectoria.

Innovación y nuevos horizontes
El 20 de marzo de 2023, Andrea cumplió otro de sus sueños: abrió su primer local en Trevelin, que funcionó hasta el 15 de abril, coincidiendo con la floración del azafrán. Allí se pudieron degustar sus productos: café árabe, galletas de avena, alfajores con ganache de azafrán y chocolate blanco, macarrones y, por supuesto, su gin.
Además de la producción y comercialización, Andrea se enfocó en un nuevo objetivo: impulsar la industria del azafrán en Argentina. Hace años que comenzaron a vender bulbos para fomentar más cultivos en el país. "Queremos que más personas descubran el potencial de esta especia y se animen a producirla”, destaca.
Andrea está convencida de que su producto puede competir en los mercados más exigentes. “Nuestro azafrán tiene una identidad única. Es un producto de calidad premium, cultivado en un entorno natural privilegiado. Eso es algo que queremos que el mundo conozca y valore”, dice con determinación.

Un mensaje de inspiración
Más allá del éxito comercial, Andrea destaca la importancia de apoyar a otras mujeres en el camino del emprendimiento. “Me encanta trabajar con mujeres y apoyarlas, alentar y, por así decir, guiarlas. Vengo de una familia y cultura que a la mujer la miran como inferior y totalmente vulnerable. Para mí es un orgullo enorme empoderar y elevar todo el potencial que tenemos. En cuanto a ideas para emprender y encontrar en cada una su verdadera esencia y exprimir al máximo su potencial. Mujeres valientes, fuertes y empoderadas somos muchas... ¡Solo tenemos que encontrar eso que nos motiva para salir adelante!
Cuando decidí emprender, fue arriesgarme a este mundo muy machista... Pero aquí estoy con toda mi garra y fuerza, poniendo la bandera en alto. ¡Las mujeres también podemos concretar nuestros sueños!”.





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