
Abalauquen: el dulce secreto mejor guardado de la Patagonia
Cuando se piensa en la Patagonia, es casi inevitable imaginar sus paisajes imponentes, el aire puro, los lagos serenos y los sabores intensos que nacen de su tierra fértil. En ese universo sensorial, Abalauquen se destaca como un emprendimiento que desde hace más de 20 años conserva la esencia de lo hecho en casa, sin resignar calidad ni conexión con lo natural.

Detrás de este proyecto se encuentra Adriana Baston, quien, junto a su ex pareja, fundó la dulcería en 2003 con una clara convicción: ofrecer un producto que marcara la diferencia entre lo industrial y lo artesanal. “Queríamos que ese dulce que hacía la abuela en casa pudiera llegar a más personas, pero sin perder su espíritu”, cuenta Adriana. Así nació Abalauquen, habilitada como dulcería artesanal en 2005, y con una identidad profundamente enraizada en la Comarca Andina.



El nombre también tiene su historia. ABA son las iniciales de Adriana Baston, y “Lauquen”, de raíz mapuche, significa agua del este o lago. Una elección que honra tanto lo personal como el entorno que la inspira: Lago Puelo.
Lo que comenzó como una producción casera, fue creciendo sin apartarse de sus principios. En todo el proceso de cocción y envasado no se utilizan máquinas; solo manos humanas, respetando criterios bromatológicos sin perder la calidez de lo artesanal. “Nunca quisimos mecanizar la producción, porque eso hubiese cambiado lo más importante: el alma del producto”, afirma su fundadora.

Los dulces de Abalauquen se elaboran con fruta entera, utilizando más fruta que azúcar, lo que permite conservar no solo el sabor sino también la textura y el color natural. “Resignamos rentabilidad por calidad, y eso lo nota el cliente. Hemos generado un vínculo muy especial con quienes nos eligen hace años en ferias y visitas agroturísticas”, agrega.
Las frutas provienen de productores agroecológicos de la Comarca Andina —Epuyén, El Hoyo, El Bolsón y Lago Puelo—, zonas privilegiadas por su clima y suelo, ideales para el cultivo de fruta fina y frutos rojos. Esta combinación de geografía y cuidado del proceso productivo convierte a cada frasco en una experiencia sensorial, única e irrepetible.
Tras más de dos décadas de historia, Abalauquen se mantiene fiel a sus raíces, incluso frente a los vaivenes económicos del país. “El mayor desafío fue nunca perder el foco. Hoy trabajamos para crecer, pero sin dejar de ser lo que somos: un emprendimiento con corazón, sabor y mucha historia.”
En un mundo donde la rapidez y lo industrial suelen imponerse, Abalauquen representa una pausa deliciosa. Un regreso a lo simple. Un recuerdo de hogar en cada cucharada.


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Es bióloga, se especializó en enología y ahora recorre Argentina como sommelier

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