
De abuelos a nietos: La historia de Los Cypreses, la chacra que renace como joya turística en Sarmiento
Fredi Carrera
Los Cypreses se encuentra sobre Ruta Nacional N° 26, a la altura del kilómetro 135, a 140 kilómetros de Comodoro Rivadavia. En total son 11 hectáreas, cuatro de ellas productivas, donde hay desde pasturas hasta árboles frutales, senderos y un par de construcciones,
“Mis abuelos maternos fueron quienes empezaron con esto”, dice Natacha. “Ellos no están físicamente, pero siguen presentes. Él era un gringo holandés al que le gustaba mucho la producción de verduras, frutas y pasturas. Era muy trabajador y mi abuela también. Tuvieron tambo, pero no trabajaron la parte turística, y mi idea fue darle un poquito de rosca: ver la parte productiva y darle algo más”, cuenta con entusiasmo mientras caminamos la chacra en modo de visita guiada.
Natacha creció en estas tierras. Sus padres tenían un comercio en el Regimiento, cerca de la chacra, y su abuela era quien la cuidaba. Aún recuerda cuando la llevaban al jardín y también cuando su abuela la iba a dejar a la parada del colectivo para ir a la escuela. “Todo fue acá y acá voy a seguir”, dice con orgullo.


Mientras caminamos, nos cruzamos con un tractor, un ciprés antiguo y, poco a poco, comienzan a aparecer los animales. “Comenzamos de a poco marcando un espacio. La idea era hacer un sendero e ir mostrando los distintos lugares y sectores de la chacra sin modificar lo que tiene en forma natural la chacra y lo que hicieron mis abuelos o que trabajaron mi papá y mi mamá, porque ellos también trabajaron acá; ahora me toca a mí”.

CRECER Y VIVIR LA NATURALEZA
Natacha es tercera generación en la chacra y, mientras caminamos, cuenta que ella también plantó plantas y árboles en el lugar. En total, hay cerca de 60 frutales, entre ciruelas, damascos, manzanas roja y verde, peras, guindas y cerezas. Muchos de ellos están ubicados en el Monte Frutal, una de las paradas obligadas de este sendero.
“En total serán 60 frutales, es una producción a baja escala. Es para consumo propio, para elaborar mermelada y, si se da la posibilidad de vender fruta, también. El año pasado se dio que tuvimos mucha fruta; entonces la gente venía, cosechaba, lo pesaba y se lo llevaba. Tenía la experiencia de poder cosechar su propia fruta. Pero la idea, cuando viene el turista, el visitante, es poder contarle un poco lo que hacemos nosotros en el día a día y que tenga contacto con los animales. No es lo mismo que te lo cuenten a venir y recorrer el lugar, contarte la historia, cómo lo fuimos haciendo y cómo lo hacemos en el día a día, porque nosotros, todas las mañanas, todas las tardes, les damos de comer, les damos agua y los dejamos en condiciones para el otro día. Así es el trabajo de todos los días”.
En la granja hay animales de todo tipo. Mientras caminamos, además de las cabras y el cordero, nos cruzamos con Olivia, una chancha que llegó hace un par de meses y fue adoptada en la Escuela Agraria de la localidad. Frente a ella, están los pavos reales, los pigmeos, las gallinas criollas y las batarazas.
“La idea de este espacio fue tener por raza o especie. Están los pavos comunes, los pigmeos, la gallineta o gallina de Guinea, algo de criollos y batarazá, pero también patos, conejos, gansos y burros. Tenemos dos; ella está desde antes de que comiencen las visitas y él llegó recientemente de un campo. También ovejas, algunas que fueron criadas en el campo y otras en la chacra. Y un carnero karakul, que da negras y algunas manchadas”.
Recorrer la chacra es un paseo por el campo, pero también un recorrido por la historia y la vida agraria. Aún hoy están las herramientas que utilizaba el abuelo de Natacha para trabajar la tierra, antigüedades que forman parte de una especie de museo a cielo abierto que refleja la historia.
“Están casi todas las herramientas que utilizó mi abuelo para trabajar en la chacra en el fragüe. Hay de todo; en este caso son dos herramientas distintas, solo que las unimos para armar un banco y que la gente tenga un respaldo con asientos. También hay arados: uno fijo y uno movible, y un escardillo para hacer surcos, una cortadora de pasto. Hay herramientas que tienen más de 100 años, porque en principio se usaban para trabajar. Yo no las vi en funcionamiento, pero mi abuelo me contó un par de historias y mi papá alguna vez las usó hasta que llegó el tractor”.
En la chacra hay dos tractores. Uno antiguo y otro un poco más nuevo, pero con muchos años. El primero es una verdadera reliquia y funciona. El abuelo de Natacha lo compró usado hace más de 56 años y prácticamente todos aprendieron a manejar en él.

Mientras caminamos, el aire se siente distinto al de la ciudad. Los árboles y el verde le dan ese toque único que solo se consigue en el campo. Los animales, con sus sonidos y su parsimonia, hacen el resto. En un estanque encontramos gansos; también en el prado que está enfrente. Más allá, en un corral hay una vaca con su cría y también el caballo preferido de Cande, la hija menor de Natacha, quien disfruta del lugar tal como lo hizo ella alguna vez.
En Los Cipreses, además del recorrido, se pueden hacer paseos a caballo. Los animales son mansos y aptos para cualquier persona, desde quien no sabe montar hasta quien le tiene un poquito de miedo.
El sendero es largo, pero lo hacemos a paso de hombre. Estamos disfrutando un encuentro con la naturaleza y, un poco más allá, llegamos al rancho matero. “Este ranchito antes estaba armado con ramas”, cuenta Natacha, “y fue modificado para que la gente pueda venir a tomar mate o pasar un rato. Se usaba para guardar herramientas y guardar madera”.
El lugar tiene el sello del campo. Una campana da aviso del inicio de la merienda y una cocina a leña permite calefaccionarse del frío en medio de la naturaleza.
“En octubre, noviembre y diciembre nosotros siempre recibimos escuelas. Se hace el recorrido y terminamos acá con una merienda. Y en estas pavas gigantes hacemos el mate cocido, el té, cascarilla, que les gusta mucho, y hacemos una tortas fritas y tomamos la merienda. También, en algunas ocasiones hacemos el almuerzo para las escuelas, algo liviano y rápido para que después puedan seguir conociendo Sarmiento”.
La chacra está abierta todo el año y, como cuenta Natacha, “siempre viene gente a hacer la visita guiada, un paseo a caballo, tomar una merienda o simplemente pasar la tarde. Está bueno”.
Mientras disfrutábamos de la visita, en el rancho tomamos unos mates y comimos una torta frita, acompañados por los animales. La cabra sigue todo el recorrido; incluso se sube a la mesa. “A veces se pasan de atrevidos”, dice Natacha, mientras la alza y la baja.
Para quienes no estamos acostumbrados a ver tantos animales de granja, es un verdadero espectáculo; se disfruta. Natacha lo sabe, lo siente y siente orgullo: es la historia de su familia resumida en un sendero.
“Este lugar es toda mi vida, es toda mi familia: mis abuelos, con el esfuerzo gigante que hicieron para llegar a tener la chacra y hoy poder estar acá y tener la chacra viva, quizás con otro tipo de actividades. Para mí es hermoso, como también que mis hijos lo puedan vivir. Son chicos todavía, están en el secundario; la idea es que estudien y sigan adelante, pero ojalá algún día se les dé por hacer algo en la chacra también”, dice mientras piensa en Gaspar y Cristóbal y Cande alimenta al caballo.
El recorrido regresa casi al punto original; pasamos por el galpón que alguna vez construyó su abuelo y también por la planta de elaboración, donde se producen los dulces de las distintas frutas que hay en la chacra: “tenemos de membrillo, damasco, miel saborizada, entre otros sabores”, cuenta Natacha, “pero queremos hacer la habilitación provincial; es un proceso largo, pero vamos por ese camino”.
"Ahora también incorporamos alojamiento para que la gente tenga la experiencia completa. Tenemos muchos visitantes de Comodoro, Rada Tilly, Diadema, que vienen seguido a traer a sus hijos, porque acá tenés mucho verde, animales, máquinas antiguas. Entonces vienen, se alojan, disfrutan la visita guiada en forma gratuita y pueden hacer una salida con caballos y hacer uso de todas las instalaciones de la chacra. Es algo lindo", dice con orgullo la mujer que le da vida y continuidad a la chacra que crearon sus abuelos, un lugar donde el sur de Chubut se siente distinto.


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