
El aeroclub de la Patagonia que forma pilotos que vuelan por el mundo
Barbi Cárcamo
Por sus aulas y pistas pasaron figuras destacadas como Juan Martín “Tinti” Escobar, Leonardo Bonazzola, Katsuo Yamaguchi y Miguel Jones, todos profesionales que encontraron en esta escuela el punto de partida para sus carreras en el aire. Hoy, el Aeroclub atraviesa un momento de gran actividad y proyección, con más de 40 estudiantes en formación, una flota de cinco aeronaves, seis hangares, tres simuladores y más de 100 socios activos.
Una historia forjada en el viento patagónico


Fundado en 1935, el Aeroclub de Comodoro tiene sus raíces en la pasión de un pequeño grupo de pioneros que, a pesar de los desafíos climáticos y geográficos de la región, apostaron por la aviación. El Club de Planeadores Cóndor y el paso de la Compañía Aeropostal, con nombres como Jean Memoz, Próspero Palazzo, Ricardo Gross, Domingo Irigoyen y Luro Cambaceres, marcaron los antecedentes de esta iniciativa.

Fue el doctor Washington Varado quien propuso formalmente la creación de un aeroclub en la ciudad, encontrando rápidamente eco entre otros entusiastas como Palazzo. Los primeros aportes económicos llegaron gracias a donaciones de comercios locales, mientras que el ingeniero Óscar Wegner organizó vuelos a beneficio para generar fondos y despertar el interés del público en la actividad aérea.
La primera reunión oficial se realizó el 25 de abril de 1935, y tuvo como impulsores a Varado, Palazzo, el médico Washington Etchegaray y el ingeniero Luis Messone. Con 52 socios iniciales, la institución comenzó a dar sus primeros pasos, impulsada por la vocación de sus miembros y una comunidad expectante.
Palazzo, acompañado por su hermano Vito y Emilio Castro, ofició como instructor de la primera camada de pilotos, que se graduó en 1937. En ese entonces, ya se había adquirido el primer avión y construido un hangar que aún hoy forma parte del patrimonio edilicio del Aeroclub.

Cambios de sede y consolidación
Originalmente instalado en kilómetro 9, el Aeroclub funcionó en la Base Militar hasta que, en 1963, la Dirección Regional de Circulación Aérea y Aeródromos del Sud clausuró la pista por interferir con el tráfico aéreo comercial y militar. A partir de entonces, sus socios emprendieron una búsqueda para conseguir un nuevo espacio.
Tras algunas gestiones frustradas, finalmente el Municipio de Comodoro Rivadavia vendió un terreno a precio simbólico en la Ruta Nacional N.º 3, entre el autódromo y el arroyo La Mata. Bajo la presidencia de Alfredo Nappi, se colocó la piedra fundacional en abril de 1962 y, dos años después, se inauguró el Aeródromo 13 de Diciembre.
Durante su discurso inaugural, Nappi dejó en claro el espíritu de la institución al afirmar que el aeroclub nunca sería propiedad de unos pocos, sino una entidad al servicio de toda la comunidad.

Crecimiento constante
Desde entonces, la institución no ha parado de crecer. En 1969 se inauguraron las nuevas pistas, en 1971 el sistema de balizamiento eléctrico, y con el tiempo se sumaron la sala de pilotos, la torre de control y una subcomisión de aeromodelismo, esta última fundada en 2001 por impulso del aeromodelista Martín Páez.
Hoy, el Aeroclub forma parte del patrimonio vivo de Comodoro Rivadavia. Su presidente, Gabriel Zubimendi, asegura que se trata de uno de los aeroclubes más importantes de la Patagonia. Considera que, aunque Ushuaia podría superarlo levemente en algunos aspectos, la infraestructura y el nivel de actividad que tienen en Comodoro son referentes a nivel nacional.
Zubimendi se unió al club en 1996, atraído desde siempre por el vuelo. Según relató, un anuncio en el diario lo llevó a inscribirse, y afirmó que la mayoría de quienes se suman lo hacen desde otras profesiones, motivados por un sueño postergado.
Franco Domínguez, actual tesorero de la institución, tuvo un recorrido similar. A los 38 años se acercó por primera vez, tras una invitación de un viejo compañero de escuela que ya era instructor. En cuanto conoció el lugar, supo que quería quedarse. Al igual que Zubimendi, destaca el nivel de desarrollo del club en comparación con otros del país.

La formación de nuevos pilotos
La formación es el eje central del Aeroclub. Actualmente, 40 personas se encuentran realizando el curso de piloto, el cual consta de un módulo teórico y otro práctico. La primera etapa incluye contenidos de meteorología, aerodinámica, principios de motores, electricidad, seguridad operacional y normativa aeronáutica.
Superada esta instancia, los alumnos avanzan a las prácticas en vuelo, en aeronaves de doble comando y siempre acompañados por instructores. Entre las 10 y las 20 horas de vuelo, cada piloto experimenta su primer vuelo en solitario, uno de los momentos más emblemáticos de su formación.
Obtener la licencia de piloto privado requiere acumular 40 horas de vuelo (entre vuelos locales y de navegación) y aprobar un examen ante la ANAC. Actualmente, el costo por hora ronda los 200.000 pesos, monto que incluye el uso del avión, el combustible, el mantenimiento, el instructor y la cuota del club.
Para quienes buscan seguir avanzando, alcanzar las 200 horas de vuelo habilita a rendir para la licencia de piloto comercial. A las 500 horas, se puede acceder a la habilitación como instructor. Según explicó Zubimendi, este último es uno de los grandes objetivos de muchos pilotos, ya que permite continuar la carrera en la formación de nuevos aviadores y sumar horas más rápidamente.

Un legado que se proyecta al futuro
El fallecimiento de Marcelo Simeoni, último socio fundador del Aeroclub, marcó el cierre de una etapa. Sin embargo, el espíritu de la institución continúa vivo. Cada generación de pilotos, instructores y socios mantiene vivo el legado fundacional: difundir la actividad aérea, formar nuevos profesionales y fortalecer el vínculo del club con la comunidad.
A 90 años de su nacimiento, el Aeroclub de Comodoro Rivadavia sigue creciendo, como una escuela de vuelo, un espacio de encuentro y una plataforma para quienes alguna vez soñaron con surcar los cielos patagónicos.





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