
El bosque submarino que respira bajo las aguas de Chubut
Barbi Cárcamo
Estas algas no solo asombran por su tamaño, sino también por su rol fundamental en los ecosistemas costeros. Crecen como verdaderas estructuras tridimensionales que dan cobijo, alimento y protección a una inmensa diversidad de especies marinas. Son consideradas verdaderos “ingenieros ecosistémicos” por su capacidad de transformar el entorno donde se desarrollan, regulando procesos biológicos y químicos en el mar.
Compararlos con los bosques terrestres no es una exageración: como los árboles, el cachiyuyo realiza fotosíntesis, capta dióxido de carbono, libera oxígeno y sostiene cadenas completas de vida. La única diferencia es que lo hace desde el fondo del mar, lejos de la vista cotidiana.


Una arquitectura natural bajo el mar
En la provincia de Chubut, los bosques de cachiyuyo crecen en forma de corredores o parches, generalmente sobre fondos rocosos cerca de la costa. Sus frondes —las hojas del alga— se elevan desde profundidades que van de los 5 a los 20 metros, y muchas veces alcanzan la superficie, formando un dosel que puede observarse desde drones, e incluso desde imágenes satelitales. En algunas bajamares, estas estructuras asoman brevemente sobre el agua, como recordándonos su silenciosa presencia.
A medida que se avanza hacia el sur del país, estos bosques se vuelven más abundantes y complejos, alcanzando su máximo esplendor en Tierra del Fuego. En Chubut, en cambio, su aparición es más estacional: suelen encontrarse en la costa luego de completar su ciclo vital.
A pesar de su perfil discreto, el cachiyuyo sostiene un universo de vida marina. Tal como explican especialistas del CONICET, estas algas cumplen funciones clave en la arquitectura ecológica del mar, y por eso se las considera especies fundamentales para la salud de los ecosistemas costeros.

Un refugio submarino
En los frondes y grampones (las estructuras con las que el cachiyuyo se adhiere al fondo marino), habita una increíble variedad de macroinvertebrados. Entre ellos se encuentran ejemplares juveniles de centolla, moluscos, crustáceos, peces e incluso delfines, que encuentran en este bosque submarino un refugio ideal para crecer, alimentarse o protegerse de los depredadores.
Cuando estas algas completan su ciclo y se descomponen, continúan siendo esenciales: sus restos generan detritos que alimentan al fondo marino y forman parte del ciclo del carbono. En este ecosistema perfectamente equilibrado, nada se desperdicia: incluso lo que flota se transforma en sustento para otras formas de vida.
Un pulmón del mar
Aunque muchas veces se asocia el oxígeno al mundo vegetal terrestre, gran parte del aire que respiramos proviene del océano. En ese proceso, las algas marinas como el cachiyuyo cumplen un rol clave: son productoras primarias, transforman la energía solar y liberan oxígeno mientras capturan CO₂. Esto las convierte, además, en grandes aliadas en la lucha contra el cambio climático.
En las aguas de Chubut, por el momento, no se han identificado impactos importantes del calentamiento global o de la contaminación sobre estos bosques. Sin embargo, los científicos advierten sobre la necesidad urgente de seguir investigando su biología y dinámica, para poder anticipar cualquier amenaza y proteger este recurso vital para la biodiversidad del mar patagónico.
Un recurso natural con potencial
Actualmente, en Argentina la recolección de cachiyuyo se realiza de manera pasiva, a partir de ejemplares que llegan a la costa de forma natural. No existe, por ahora, una cosecha activa bajo el agua, lo que permite conservar intactos estos ecosistemas. No obstante, existe un creciente interés en su uso por parte de diversas industrias, que van desde la alimentación hasta la cosmética y la medicina, debido a sus propiedades bioactivas y su capacidad de generar biomasa rápidamente.
El desafío, según los investigadores, radica en encontrar un equilibrio entre el valor ecológico de estos bosques y su aprovechamiento económico. Extraer un cachiyuyo no es como cortar una hoja cualquiera: es intervenir en un sistema complejo que sustenta la vida marina.

Usos culinarios y cosméticos
Como otras algas marinas, el cachiyuyo contiene compuestos de alto valor industrial y artesanal. En la cocina, puede emplearse en sopas, guisos, snacks o suplementos dietarios, especialmente en culturas con fuerte tradición alguera como la chilena o la japonesa. En Argentina, esa tradición aún no está consolidada, pero su uso empieza a ganar terreno en espacios gastronómicos que apuestan por productos saludables, sostenibles y locales.
En el ámbito cosmético, el cachiyuyo también tiene mucho para ofrecer. Sus paredes celulares contienen geles naturales como el alginato, que junto con otros compuestos presentes en algas rojas (como el carragenano o el agar-agar), son muy valorados por su capacidad de espesar, hidratar y estabilizar productos. Además, algunas especies poseen propiedades antioxidantes que se aprovechan para desarrollar cremas, mascarillas y tratamientos para el cuidado de la piel.
Este vínculo entre el mar y el bienestar personal, aún incipiente en el país, promete convertirse en un campo fértil para la exploración, siempre que se lo haga con responsabilidad y conciencia ecológica.

Por Diego Crova.


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